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El Amor Platónico, versus, humor platónico. Reflexiones
sobre la belleza, el arte y el narcisismo,... |
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Etiquetas: Amor platónico visita museo escultura griega tres
gracias afrodita apolo |
| 1º El flechazo, encantamiento. |
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Etiquetas: Amor platónico venus apolo laocoonte discobolo
escultura griega |
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2º El límite, el
distanciamiento, la pérdida. |
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Etiquetas: colección de conchas niño paseando por la playa
coleccionando conchas |
| 3º
La obsesión . |
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Etiquetas: colección de conchas coleccionismo coleccionista
museo ciencias naturales |
| 4º
Entretenimientos alternativos: colecciones de conchas y mariposas. |
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Etiquetas: Amor Platónico sátiro persiguiendo a
una ninfa templo griego |
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5º
La imaginación, la tristeza.
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6º
Un bromista irreverente. |
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Lo que viene ahora os lo podéis ahorrar los no iniciados... es
para el que tenga interés o no tenga nada mejor que hacer,... o
si está lloviendo,... aquí os he puesto algunos de los desbarres
mentales previos, o simultáneos, a la realización de una
historieta.
Ya sé que no se deben enseñar las
heridas y ampollas del camino, sólo las fotos del viaje en las
que todo sale perfecto y todos sonríen, pero me he permitido
esta licencia obscena, enseñando mi rojo culo de mandril.
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La bellaza de
Rodas:
Una idea inspirada por un pedazo de piedra, un escrito de Tomas
Man y una imaginación calenturienta que segregaba montones de
oxitocina, endorfina y dopamina.,… nada más, otros datos
objetivos que apoyen esta tesis:.... ninguno.
1º El flechazo, encantamiento.
Una piedra.
La belleza de la que hablo la sacaron de la orilla del mar
egeo, de una playa pedregosa entre grava y guijarros. Un trozo
de mármol blanco desbastado por el mar, algo que parecía haber
sido, en algún momento, una escultura. Una fina capa de agua de
mar y algas babosas la cubría. No tenía cabeza, piernas ni
brazos, sólo redondeados muñones, abultamientos y concavidades.
A primera vista semejaba una piedra más, pero una etiqueta decía
que era una estatua, un torso de mármol que había sido
abandonado, moldeado por la paciencia de las olas, perteneciendo
ya más al océano que a la tierra.
En el museo, una inscripción la indexaba con un número,
¿080502?, (no lo recuerdo), tratando de engañarse, contándome
que la pieza “casaba”, que tenía un sitio, que era una ficha
más, que estaba catalogada y, por lo tanto, controlada y
socialmente tolerada,… entre cientos de otras componiendo el
forzado rompecabezas de la historia, despojada de su
singularidad, alejada del mar, del mecerse de las olas, de sus
algas, de su individualidad.
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Me hizo pararme y me cautivó en un instante, debió ser durante
tres minutos en el puzzle de nuestro tiempo regulado, ordenado y
tasado. Se reveló llena de sugerencias, como un jardín diminuto,
salvaje, concentrado y desatendido. Me quedé enfrente mirándola,
pensando y disfrutando, imaginando una historia de tres mil
años: nacida, creciendo amada, pensada, soñada, dibujada,
esculpida, perdida, llorada, rota, arrojada, olvidada,
erosionada por el mar, encontrada y finalmente hora aquí …
frente a mi.
Seductoramente me dejaba adivinar en sus sutiles líneas lo que
debían haber sido sus caderas, su pecho, su fértil vientre
enigmático y adorable. Nunca encontré un lugar más íntimo, un
regazo más acogedor.
Imaginé su caricia: la pulida superficie del mármol blanco, piel
transmutada, ¡tan suave! , fresca, ligeros pies descalzos sobre
la húmeda hierba, el roce de una suave brisa de verano
acercándome risas de muchachas entre susurros de hojas de álamo
entrechocando, una emoción preñada de promesas de canciones
infantiles, todo sobre un fondo con el rítmico golpeteo de un
martillo cuyo sonido se acerca, el cincel cortando el vacío y un
artista moldeando su deseo en el aire.
Se entreveía su poder, la destilación de la belleza perdida, la
fuerza muscular del artista creador y potente amante frente a la
felicidad de la modelo. |
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¿Puede ser? O era únicamente una elucubración, yo, mi deseo,
rellenando un hueco sobre el caos de una piedra, mi ansiedad por
querer creer en un improbable, feliz y antiguo amor de verano.
¿No era esa piedra otra cosa que el vaciado de una vida
inventada por mí?
¿Era solamente mi enfebrecida imaginación la que llenaba el
sugerente hueco de agua? |
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En ese momento, algo se me metió en los ojos, revolviéndome el
cristalino, virando la lente de mi realidad,… y me dejó ver a la
modelo disfrutando del reflejo de su belleza en la mirada del
artista y entonces,… el escultor se hizo más divino, incluso,
que su amada. Un Dios brillante estaba naciendo en sus ojos
espejo del universo todo.
La modelo disfrutaba, cautiva de éste su tan vivo reflejo,
atrapada por la voluntad del poseedor del Dios de la belleza,…
un eterno círculo hechizado que se cerraba y giraba eternamente,
como una órbita planetaria, acercando su perfección hasta mí,
sin importar el tiempo, perfección de un cautiverio narcisista
de espejos repetidos.
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2º El límite, el
distanciamiento, la pérdida.
El encantamiento se desvaneció. Había sonado el pitido de un
silbato.
En un arrebato de atrevimiento, mi mano había buscado su
contacto, palpar bajo su seno el pulso de un corazón,
desencadenarla y llevarla fuera de su jaula de mármol,
estáticamente circular, estallar el aislamiento de la pompa de
jabón.
Un ligero toque en mi hombro me había alertado del extremo
peligro, un sobresaltado despertar bajo la amable advertencia
sonriente del vigilante de seguridad.
Había traspasado la línea marcada por el cordel rojo, frontera
destinada a separar a las divinas esculturas de los simples
mortales visitantes, un espacio vedado para mí.
Despertar con un choque semejante, el contraste de lo mágico
frente a la indiferencia metódica que me había traído de regreso
al ruido en mis oídos, los flashes de las cámaras digitales, la
luminosidad imaginaria desaparecida, sin silencio, sin la
reflexión, el espejo desaparece y el hueco de escaleras de la
sala de exposiciones queda en penumbra. |
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Olor a la transpiración salobre de los grupos de turistas, el
polvo pegajoso matando las transparencias y el mármol traslucido
que se vuelve opaco, yace muerto bajo la suciedad, bajo la
vulgaridad, se torna frío, resulta áspero, se queda deforme y
sin vida, ya no pertenece a mi universo, ya no existe, sólo
queda una piedra perfectamente ordenada y su número de
inventario para recordar su lugar.
Supongo que era eso lo que tenía que aprender: el eterno
instante. Tres minutos de reloj que me parecieron tres años, un
círculo de tres mil años, un hilo de araña en el aire del otoño
que se tensa y se rompe.
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3º
La obsesión .
Entretenimientos: Colecciones de conchas y mariposas.
Todo esto me pasó ya hace muchos años, ahora soy una persona
seria, y pensé que estaba completamente olvidado, creía que
había limpiado mis ojos, neutralizado… pero no ha sido así.
Me ocurrió, inconscientemente, estando paseando por una playa en
Málaga, una de las pocas que deben quedar en estado “virgen”,
débilmente protegida de las acechantes urbanizaciones del lujo
estandarizado gracias a un exiguo pinar.
Iba yo andando, absorto en la lectura de “La Muerte en
Venecia”, mientras, por entre las dunas, se aparecían, bajo el
sol, ansiosos homosexuales de color escarlata y tostado,
calzando únicamente sus gafas de sol, plaga exhibiéndose desde
los matorrales, asomándose como accionados por un resorte,
muñecos autómatas de feria que bajo su impulso hormonal esperan
cazar o ser abatidos por un dardo amoroso. Una playa convertida
en un parque temático sexual, pornográfico, pero “virgen”,
declarado pomposamente “Parque Regional”, naturaleza hecha
“Arte”.
Pasé este campo de dunas, poco recomendable, y llegué hasta la
playa de arena y guijarros en la que, milagrosamente, aún
quedan verdaderas conchas marinas y vino a tropezarse contra mi
pié, por casualidad, una venera.
Recogí la valva con mi mano y sin previo aviso, en una descarga
atropellada y desordenada de sensaciones, con un cortocircuito,
bloqueando las conexiones sinápticas de mi corteza prefrontal,
recordé: mi viaje a Grecia, Rodas, su museo, la piedra, la
belleza a la orilla del mar, el hueco, el monte de Venus,
¡endorfina y dopamina secretándose a montones,…. !! |
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.. y… me encontré a mi mismo indefenso, imaginando nuevamente,…
una improbable, lejana, feliz y erótica “fiesta toga” de
esculturas, allá, dentro del profundo y misterioso océano,… y
aquí, a mis pies, cientos de sus íntimas prendas abandonadas,
la censura de las frescas risas toda desparramada, tirada por
tierra, la indiferencia desmantelada, el cordel rojo
desvanecido, sin nadie que alertase del peligro,… ¡Era
demasiado!
El pequeño Dios que vive en el bolsillo de mi imaginación se
había escapado de nuevo…
4º
Entretenimientos alternativos: colecciones de conchas y mariposas.
- ¡No me puedo permitir otra vez traspasar la línea y seguir
soñando bellezas eternas!, para luego… la desilusión, ¡tanta
tristeza!
- ¡Es sólo tu imaginación!, me dije,
- ¡sólo lo vulgar existe realmente, los entretenimientos sin
sentido!, tus ilusiones… ¡sólo te llevarán a estrellarte
nuevamente, a no poder camuflar tu rubor a autoexcluirte como un
inadaptado!
Asentí para mi mismo ante tan potentes argumentos.
- ¡No se puede dejar una tan enorme cantidad de belleza sin
clasificar, tipificar, sin disecar, totalmente libre!.....
¡Tengo mucho trabajo!,…
Con urgencia, rápidamente, tomé la concha y, con mi rotulador
“Pilot” negro de tinta permanente, inscribí un número de
inventario sobre ella: 080502A, no estoy seguro si era el
correcto número correlativo, espero que lo fuera,…
- ¡debo dejar este tema bien zanjado para siempre!, y me
parece, creo que debe haber funcionado…
El rompecabezas del mundo volvía a estar bajo control, ordenado,
repetitivo, simulando que realmente fuéramos eternos, haciendo
de lo único algo anodino, sucio pero igualitario,
sistemáticamente pornográfico, contaminado de indiferencia,..
una Venus virgen en una playa prostituida,… pero “real”, muy
real,..... ¡¡lo he conseguido! ¡he conseguido ocultarme el milagro!!. |
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Sé que puede parecer engañarse a uno mismo, pero es lo que hace
todo el mundo,…de otro modo,… ¿qué puedo hacer?
Me volvería loco ante tanta y tan violenta indiferencia
metódica, ante la pena de tanta desidia frente a la maravilla
diaria.
- ¡Todo son simples objetos sin magia!. Me volví a
decir insistiendo. |
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Aaarrghh!! ¡qué difícil es todo!
¿¡¡¡En dónde me podría esconder que no se note que soy un
enamorado infecto, que estoy vivo!!!?, es de mal gusto igual
que sudar y oler,…El “Arte” no puede consistir en enseñar
pornográficamente las heridas, sólo el resultado amable para el
salón burgués, pero,…
¿A dónde me podría ir a esconder menos aquí y ahora?, |
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5º
La imaginación, la tristeza.
Una reflexión sobre la belleza, la podría haber hecho sobre
cualquier cosa, persona u objeto: se puede anudar a la cintura
de un lejano efebo de las playas en una Venecia acechada por la
peste, esperando a la noche, disfrutando del enamoramiento
decadente hasta la muerte,…como lo hizo Thomas Mann, o anclarse a
una piedra del Mar Egeo para entretenerse, para olvidarse de la
tristeza cualquier punto de amarre es válido, algo
suficientemente distante como para no poder ver su simple y
trágica realidad, porque, indistintamente se puede reflexionar,
reflejar el universo todo, un reflejo, una ilusión en el vacío
que siempre acaba siendo un ejercicio narcisista. Ejercicio al
que algunos llaman pomposamente “arte”, en el que el objeto de
reflexión difícilmente se identificará sino como una sombra
deformada, divertimento sin sentido para enamorados
despedazados. ¿Cruel?, esto no es más cruel que la acostumbrada
y entretenida indiferencia metódica del mundo, es parte de ella,
parte de la hipocresía, de la fiesta.
Puede ser que sea sólo por una cuestión de la edad pero esta
reflexión narcisista es una actividad menos agotadora, mucho más
sosegada, tranquila y tolerada socialmente que el ir, cual
verdadero fauno enamorado y vivaz, persiguiendo a unas ninfas
que, por otra parte, nunca existen, mas que en el reflejo de
algunas calenturientas cortezas cerebrales. Ahora elaboro estos
espejismos, precocinados y salpimentados para que otros se
regodeen emulándolos festivamente, creyendo que descubren algo,
que se aproximan a tener alguna sensación, reflejándose como
sombras pasajeras, entreteniéndose mientras esperan, ¿y qué otra
cosa vamos a hacer?... ¡a divertirse mientras dura la función!!,
unos como payasos otros como espectadores. A mi me ha tocado la
de bufón.
Fidias, Mirón, Policleto, Crésilas, Praxíteles,… ¿a quién le
importan?, nombres de muertos, escultores de panteones ilustres,
o de truculentos pasos de semana santa, (lo mismo da) espejos
carceleros de bellezas simuladas por horas, retratistas, payasos
para el entretenimiento de los ricos. Lo son como puedan haberlo
sido ahora un Andy Warhol, un Barceló o un Damian Hirst,
retratistas embalsamadores, taxidermistas, reflejando disecados
a los futuros cadáveres de una sociedad fútil y sus pesadillas.
Me hubiera gustado ser una ventana, y sin cristales, una puerta
abierta para ir al jardín del mundo y darnos una vuelta de la
mano, eso es lo único que quisiera ser, muy sencillo, soltar la
horquilla del mármol anclada en el pelo e irnos a bañar, a
bucear en el mar azul de la luz de la luna. Coleccionar conchas
y tejer una bonita colcha de sueños. |
| Una
tristeza me invade: tristeza de un jardín privado y estático,
abandonado, agostado bajo una cámara de video-vigilancia, jardín
que no se permite regar, sin acequias, febrero sin almendros en
flor, de primavera sin paseos junto al río, nadie salpica sus
pies en el estanque, fragancias de agua de azahar embotellada,
almendrucos verdes que no se harán muñecos, música de
metacrilato para amapolas sordas que no se harán bailarinas,
pena solitaria de un solsticio de verano desperdiciado bajo
luces de discoteca, de una hoguera de San Juan vacía y apagada
sin quemar los genios del pasado, de un cuaderno de viaje que se
quedará con sus páginas en blanco, sólo con un jeroglífico
frustrado destino desgastado en su portada, pena de Leónidas,
noches de estrellas fugaces sin expectantes deseos,
constelaciones de lunares que se quedarán sin cartografiar sobre
su piel, de una tristísima luna creciente interrumpida, aborto
de poema circular, mensajes secretos enviados sobre las olas del
mar que no tienen ni vientre ni orilla contra la que
descifrarse, que se evaporan y sólo sirven para alimentar más el
ahogo sofocante del bochorno sin desencadenar ninguna tormenta
de viento y aguacero limpio y fértil, una nube vista desde la
ventanilla del avión, el olor a tierra mojada ausente, tierra
seca y eléctrica, pena de jardín y de huertos arrasados, de
hechizo malgastado. |
| 6º
Un bromista irreverente. |
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"Y en fin de cuentas, esto de acercarse a las
cosas y personas que desde lejos nos parecieron bellas y
misteriosas, lo bastante para darnos cuenta de que no tienen ni
misterio ni belleza, es un modo como otro cualquiera de resolver
el problema de la vida; es uno de los métodos higiénicos que
podemos elegir, no muy recomendable, pero nos da cierta
tranquilidad para ir pasando la vida y también para resignarnos
a la muerte, porque nos convence de que ya hemos llegado a lo
mejor y de que lo mejor no era una gran cosa, viene a enseñarnos
a no echar nada de menos."
En busca del tiempo perdido.
A la sombra de las muchachas en flor.
Marcel Proust.
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Muy de cuando en cuando, inadvertidamente, el genio reaparece,
listo para desvelarme algún otro instante de eternidad, para
enseñarme toda la maravilla del universo, hay que tener cuidado…
¡Oh!,… ¡este pequeño Dios, es también, por suerte, un pequeño
bromista irreverente!
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¿No habéis entendido nada, verdad?... bueno, no
desesperéis, para eso están las láminas, para iluminar las
parábolas y acercarlas al entendimiento del pueblo llano. |
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